El amor en acción en tiempos del coronavirus en Brasil

“¡Una cuarentena de derechos para las favelas y los suburbios!” fue la súplica de Jorge Barbosa, geógrafo, profesor de la Universidad Federal Fluminense (UFF) y fundador del Observatório de Favelas de Río de Janeiro, en un texto publicado el 20 de marzo en el sitio web del Observatório.

Desde ese momento, la frase no se me va de la cabeza, y es uno de los mantras que me han movilizado en la lucha diaria para hacer que mi período de aislamiento físico se convierta en un tiempo de búsqueda de lo significativo, de estar comprometida con la colectividad, en acciones y reflexiones, en un contexto del enfrentamiento del coronavirus a partir de los habitantes de las favelas y suburbios y, principalmente, por y para ellos. Sobre ese asunto, Jorge Barbosa dice:

Quedarse en casa. Reducir los contactos personales. Trabajar de forma remota. No circular por las calles, las tiendas ni los bares. Cerrar los estadios de fútbol. Protegerse a sí mismo y a su familia del contagio inmediato es, sin duda, un recurso para muchos, pero no para todos. Hay trabajadoras y trabajadores cuyas condiciones sociales y urbanas vulneran demasiado sus cuerpos y territorios, y a quienes ni la ciencia ficción es capaz de colocarlos en el escenario. (Barbosa, 2020, 2)

Entonces, a partir de esa constatación quirúrgica que nos plantea Jorge, me uní a algunos jóvenes colaboradores del Observatório de Favelas de Río de Janeiro, para actuar y construir en tiempos de pandemia en Brasil. Además de paralizar el funcionamiento de los tres espacios que ocupa (la sede del Observatório y el Galpão Bela Maré, en el complejo de Maré, y la Arena Carioca Dicró, en Penha), el Observatório se propuso incidir pública y políticamente a través de la comunicación y la producción de contenido informativo sobre el comportamiento de este virus, para los habitantes de las favelas y los suburbios, y a partir de ellos.

Jorge continúa enfatizando que lo que estamos viviendo en esta pandemia se halla lejos de ser una ficción y trae consigo muchos signos de una desigualdad descarada, por más que muchas de las narrativas hegemónicas insistan en revelar tan solo una cara: que el COVID-19 es una enfermedad que no elige clase social, territorio de origen, etnia, género, etc.

Entonces, no podemos contar con la ficción para vislumbrar lo que podrá o no podrá aterrorizarnos o nutrirnos. Solo nos resta poner el mundo de la vida, que no es una ficción, en el centro de nuestras preocupaciones e inconformidades. Y con eso traer esta situación dramática, o mejor dicho, trágica, a nuestra condición de humanidad urbana brasileña, hoy tan marcada por las desigualdades sociales, raciales y étnicas. Si desde el príncipe de Mónaco hasta el empleado operativo del metro de São Paulo, pasando por senadores, generales, profesores, etc., todos pueden sufrir con la contaminación del virus, es preciso observar las condiciones de protección, atención y cuidados a los hombres y mujeres más vulnerables, no solo debido a la edad o a su historia clínica, sino a su condición social de cuerpo y territorio. (Barbosa, 2020, 1)

Observando atentamente las condiciones sociales del cuerpo y el territorio, diariamente nos reunimos en línea con una persona especialista para pensar en cómo podemos juntos crear contenido para compartir con los habitantes de las favelas y los suburbios a través de WhatsApp. Con ese objetivo creamos memes y audios que, con el apoyo de una productora asociada, también se están transformando en vídeos. Todo eso es para que la información sobre las medidas de protección llegue con más comodidad a esas personas, a nuestros vecinos, nuestros familiares y nuestros amigos, a la chica de la caja de la panadería, al mototaxista, al empleado que atiende en la carnicería o la tienda de arreglo de ropa, a los niños y niñas, a las personas de la tercera edad que viven en las favelas, etc.

Davi Marcos: Imágenes del pueblo

Y ya que hablamos de las personas próximas, habitantes de las favelas y los barrios marginalizados a quienes queremos movilizar en acciones de prevención y enfrentamiento, no puedo dejar de pensar en nuestra vida cotidiana y en las relaciones que tejemos en el día a día:

(…) la muerte, las enfermedades, los éxitos, las derrotas constituyen los acontecimientos calculados de la vida cotidiana. En ella, las personas crean relaciones basadas en su propia experiencia, en sus propias posibilidades, en la propia vida, y por eso consideran esa realidad como su propio mundo. (Kosic, 1985, apud Silva, 2009, 157)

Todo eso para presentar aquí mi “propio mundo”, el lugar a partir de donde me coloco en la esfera social y a partir del cual busco experimentarlo, actuar y contribuir: territorio de mi acción en este tiempo, de mis relaciones, de mis afectos y mi compromiso.

Imagen: Priscila Balsini

Mi terapeuta, en un diálogo en línea, me incentivó a “poner el amor en acción” y seguir buscando en mis relaciones, formas de sentir. Creciendo y superando nuestro tiempo y sus desafíos. Por aquí, estoy invirtiendo mucho esfuerzo en las relaciones y construcciones colectivas y, en ese proceso, siempre recuerdo cómo las prácticas culturales de las favelas y los suburbios nos pueden enseñar e inspirar para sentir esperanza y operar sobre la confianza de que juntos podemos enfrentar lo que se nos presenta y lo que vendrá.

Lefebvre (1991) discutió la idea de una sociedad capitalista que impone a la vida una cotidianidad marcada por la lógica del consumo y el intercambio, transformando el mundo en un lugar de opresión, de expoliación del individuo. Un individuo que forma parte de una sociedad marcada por relaciones de trabajo y de intercambio, del tener en perjuicio del ser (Silva, 2011, 31).

Pero Lefebvre también nos recuerda el contrapunto, “en el devenir, como posibilidad creativa de reproducir la vida ante las imposiciones planteadas por la sociedad, como el capital, el salario y el dinero” (Silva, 2011, 31). Así, nosotros, jóvenes colaboradores del Observatório, amenazados, desde el lugar en el que actuamos en el mundo y con las personas con quienes compartimos la vida y la lucha diaria, no tenemos el tiempo ni la posibilidad de paralizarnos. ¡Tenemos que seguir adelante! ¡Siempre tuvimos que seguir adelante! Incluso sin las condiciones mínimas necesarias para vivir con dignidad. Las favelas, los suburbios y sus habitantes nos enseñan que la resiliencia y la inventiva son constituyentes de la naturaleza de esos territorios y sus habitantes. Forman parte de la dinámica comunitaria de la favela, pautada por relaciones de convivencia, de reproducción de los modos de vida cotidianos de sus habitantes, facilitadora de relaciones solidarias de vecindad, unión y esperanza.

Sigo con la convicción de que, a partir de la cotidianidad1 y en comunidad, vamos a seguir enfrentando y buscando formas de continuar, sintiéndonos lo suficientemente fuertes como para no sucumbir al virus, a las preocupaciones por todas las personas queridas y también, ¡mucho!, por las poblaciones pobres de Brasil que, vulnerabilizadas, muchas veces viven en casas sin ventilación y tienen poco o casi ningún acceso a los derechos mínimos fundamentales (al trabajo, al saneamiento básico, a la salud y la educación pública, etc.); al miedo de que el sistema de salud colapse; a la angustia sobre la posibilidad de salir de esta situación, como país, con una economía aún más destrozada. Será con nuestro grupo social y a partir de él (Silva, 2009), en este espacio-tiempo de realización de la vida (Lefebvre, 1991), que vamos a energizarnos y a seguir, con la convicción de que, en breve, volveremos a vivir la posibilidad de festejar y abrazar, ¡aunque todavía quede mucho por lo que luchar!  

Estamos lidiando con nuestros miedos y angustias, tratando de fortalecernos, a través de las relaciones, frente a los condicionantes que el aislamiento físico nos trae, y encontrando sentido en los espacios y formas de acción colectivos, para no dejar que la desesperación y el temor se impongan. Hemos lidiado con los silencios en nuestras casas, y con el exceso de preguntas, buscando mantener el control para evitar la desesperación. Lo que veo a mi lado y a mi alrededor son personas que, de maneras diversas, buscan respirar hondo y asumir la responsabilidad generacional de este tiempo, construyendo caminos posibles para que la tecnología nos aproxime y nos reúna en esa convocatoria urgente del ahora, para que podamos operar como Gaia, como Pachamama, como comunidad, poniendo el amor en acción. 

Autora: Isabela Souza*

*Doctoranda en Geografía (Universidad Federal Fluminense – UFF), máster en Planeamiento Urbano y Regional (Universidad Federal de Río de Janeiro – UFRJ), tiene un MBA en Gestión de Proyecto (IBMEC – RJ) y es licenciada en Turismo (Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro – UNIRIO). Isabela nació y creció en el Complejo de Maré y, desde 2011, integra el plantel de la OSCIP Observatório de Favelas de Río de Janeiro. Actualmente es directora de la organización.

Notas:

[1] “Un momento compuesto de momentos (necesidades, trabajo, goce; productos y obras; pasividad y creatividad; medios y finalidad, etc.), interacción dialéctica tal que sería imposible no partir de ella para realizar lo posible (la totalidad de los posibles).” (Lefebvre, 1991, 20)

Referencias:

Barbosa, Jorge Luiz. Uma quarentena de direitos para as favelas e periferias. Disponible en http://of.org.br/acervo/artigos/uma-quarentena-de-direitos-para-as-favelas-e-as-periferias/?fbclid=IwAR2nS8zmu5UN13c3qTuv8K0_UtiQNKLqLvQLbc1uVUTjSMa0eMoW8b0qdVE. (Última consulta: 7 de abril de 2020)

Lefebvre, Henri. A vida cotidiana do mundo moderno. São Paulo: Ática, 1991.

Silva, Eliana Sousa. O contexto das práticas policiais nas favelas da Maré: a busca de novos caminhos a partir de seus protagonistas. 2009. Tesis (Doctorado en Servicio Social) Programa de Posgrado en Servicio Social, PUC-RIO. Río de Janeiro, 2009.

Silva, Isabela Souza da. Lazer e favela: uma análise sobre o cotidiano no morro Dona Marta/RJ. 2011. Trabajo monográfico final, Licenciatura en Turismo. UNIRIO: Río de Janeiro, 2011.