La transformación social a través de las artes

Las artes escénicas por su valor para retratar los espacios más íntimos de las personas, así como, el subconsciente colectivo sobre el que se construye la memoria de una sociedad, se conciben cada vez con mayor importancia, como un espacio de resistencia y transformación social.

Un ejemplo de esto lo constituyen las experiencias de teatro comunitario, pues partiendo de la convicción de que toda persona es esencialmente creativa, convoca a los miembros de una comunidad (una colonia, un barrio, un colectivo de personas, etc.) para comunicarse a través de la creación artística e iniciar con ello procesos de autoconocimiento y transformación individual y colectiva. 

Biografía

Patricia Orantes

Es coordinadora y directora del Laboratorio teatral de la universidad Rafael Landívar, se inició en el teatro hace más de 20 años y cuenta con una larga trayectoria como actriz, directora y educadora impartiendo talleres en distintas comunidades, escuelas y universidades en Centroamérica

El trabajo con jóvenes desde las artes escénicas comunitarias e inclusivas también se convierte en una vía de emancipación e inserción social y laboral, llenando en muchos sentidos espacios que están ausentes en los sistemas educativos reglados, como puede ser el desarrollo del pensamiento crítico, la educación emocional y la educación en valores.

Sobre estas cuestiones entrevistamos a Patricia Orantes, actriz y directora teatral guatemalteca en el marco de las XI Jornadas sobre la Inclusión Social y la Educación en las Artes Escénicas (Córdoba-España, abril de 2019), donde dio una ponencia sobre los colectivos que florecen y sanan en las artes escénicas.

 

¿Cómo conseguís atraer a los jóvenes (especialmente a las mujeres jóvenes de Guatemala) y hacerlas participes de los procesos comunitarios centrados en las artes?

Casi todos los colectivos que están trabajando activamente en el arte, las artes escénicas y lo social están siendo liderados o atravesados por la mujer y, por otra parte, los jóvenes son mayoría en el país. Entonces la primera transmisión es natural, procede del entorno.

Luego también la mujer es la primera víctima de violencia, es algo que nos atraviesa demasiado duro como sociedad, como el caso de las niñas quemadas[i] que fue algo que conmocionó al país. Entonces hay una mirada de todas hacia dentro, verdad, mirándonos, entonces la seducción es fácil porque es como una necesidad.

Hay también un trabajo que hacer hacia las familias, la religión, etc. que a veces pueden satanizar los procesos artísticos y creativos, aunque las artes circenses se presentan muy seductoras y atractivas, como Caja Lúdica que ha conseguido la cercanía con las/los jóvenes a través de procesos artísticos que parten del cuerpo. Entonces cuando las jóvenes entran y ponen el cuerpo, no solo el cuerpo como territorio de narración de lo que han vivido, si no también para danzar, para sanar, para moverse… Es un camino mucho más amable, mucho más facilitador.

Un ejemplo de cómo las artes escénicas pueden sanar las heridas provocadas por circunstancias tan graves como la violencia machista, lo encontramos en el proyecto “Las Poderosas”, una iniciativa de la propia Orantes junto con Marco Canale que utilizaba el teatro como herramienta para exorcizar los fantasmas de la violencia contra las mujeres. La obra rememora y reconstruye los capítulos violentos vividos por sus protagonistas y sus hijos (que también actúan). Ellas mismas se implicaron en todo el proceso creativo.

¿Cómo crees que favorece a los jóvenes acercarse a las artes?

El territorio del cuerpo es la memoria de los antepasados, de los abuelos, etc. Entonces les favorece para empezar en un proceso de sanación que entra por lo corporal, cuando se trata de las artes escénicas, les favorece cuando conocen una historia que ha sido arrancada de sus vidas. Por ejemplo, digo, somos un país maya en su mayoría, pero las generaciones de los abuelos y de los padres que vivieron el conflicto y sufrieron el racismo les han negado a los chicos y chicas su idioma e identidad. Entonces esos procesos permiten que ellos reconozcan su origen y al reconocer su origen también van a relacionarse de una manera mucho más humana, con el contexto y la realidad que están viviendo. Las artes escénicas también permiten trabajar la manera en que los chicos se relacionan con las mujeres y la relación con su propia masculinidad

Un ejemplo de esto puede verse en “El legado inútil”, otra propuesta escénica dirigida por Patricia Orantes donde se explora el diálogo intergeneracional en una familia de la clase media guatemalteca en los años ochenta. Un tema propuesto por el colectivo del Laboratorio Teatral de Artes Landívar, donde las transferencias intergeneracionales y la disfuncionalidad aparecen como características de los personajes, atrapados en la concreción sus respectivos intereses, mientras afuera ruge la tormenta de fin de mundo, vendaval y fusilamientos, estructuras paralelas, oscuras, régimen de facto.

Patricia Orantes cierra con una reflexión final sobre el valor de las artes escénicas en las relaciones humanas:

Conocernos como pueblos diversos creo que definitivamente va a aportar a unas humanidades un poco más alegres, un poco más nobles, más humanas. Creo que la fusión de las artes y la desaparición de las fronteras es algo que está ocurriendo en todas partes del mundo y nos está ayudando.

Autores:

Entrevista: Ferran Benavent y María Carbonell; Redacción: Ariana Pérez

 

 

Notas:

[i] En la mañana del 8 de marzo de 2017 algunas menores intentaban protestar por los abusos sexuales y físicos que sufrían en el Hogar Seguro (un centro estatal de protección para niños y adolescentes víctimas de violencia, abandono y maltrato infantil), aprovechando que ese día se celebra el Día Internacional de la Mujer; pero la situación se salió de control y cincuenta y una de ellas fueron encerradas en un salón de 4 X 4 m².El caos fue aún mayor cuando un incendio se originó dentro del salón, las jovencitas quedaron atrapadas sin posibilidades de ser rescatadas a tiempo.