El aprendizaje servicio. Éxito académico y compromiso social

Los debates actuales sobre innovación y calidad educativa no giran exclusivamente entorno a las competencias (básicas, cívicas o tecnológicas) que los jóvenes debieran adquirir para alcanzar un desarrollo pleno en las sociedades en la que viven, sino también y cada vez con mayor fuerza, al sentido que los jóvenes le otorgan a la escuela, al proceso de aprendizaje y al contenido curricular.  

La falta de significado práctico del currículo escolar, es decir, la percepción por parte de los estudiantes de que los contenidos de aprendizajes están poco relacionados con su vida, con las actividades cotidianas que llevan a cabo y no se presentan como funcionales para su futuro, se identifica en múltiples informes como uno de los elementos que intervienen en el fracaso y abandono escolar e incluso con la presencia de una crisis de aprendizaje a nivel mundial. 

A este respecto, sería interesante comenzar por preguntarle a los jóvenes qué significado tiene la escuela para ellos o dicho de otra manera ¿Que quieren aprender y para qué?  La Unesco realizó este ejercicio planteando una encuesta sobre el tema a las juventudes de América Latina y Caribe, de la que destacamos dos principales resultados: 1) Los jóvenes expresaron su deseo de que los conocimientos que se aprenden en la escuela, como la lectura, escritura y aritmética, se conjuguen con la comprensión del mundo y sus relaciones. 2) Un aprendizaje que les permita conocer el mundo mientras se conocen a sí mismos y que les dote de capacidades para transformar la realidad o realidades en las que viven. 

Cómo se puede ver en esta encuesta, los propios jóvenes hacen parte de las demandas actuales por una educación que recupere su sentido transformador a nivel individual y colectivo. Entre las propuestas pedagógicas que se enmarcan en esta línea resuena con fuerza, especialmente durante los últimos años, el aprendizaje servicio (ApS).  

 

¿Qué es el aprendizaje servicio? 

Como escribía recientemente Josep M. Puig Rovira en el portal Eduforics, “se trata de una propuesta educativa que combina en una sola actividad el aprendizaje de contenidos, competencias y valores con la realización de tareas de servicio a la comunidad. Un proyecto en el que los participantes se forman al enfrentarse a necesidades reales de su entorno”.  

Las primeras experiencias de aprendizaje servicio surgen alrededor de 1920 en EE. UU, pese a esto, hoy en día se concibe como una propuesta innovadora que integra dentro del currículo académico elementos sobradamente conocidos por todos, como son el servicio voluntario y la transmisión de conocimientos y valores (Amat y Miravet, 2010).  

Pongamos el caso de una experiencia real de un proyecto de aprendizaje servicio, basado en el desarrollo de aplicaciones tecnológicas al servicio de la comunidad. Como proyecto de fin de carrera, los estudiantes del grado de ingeniería colaboraron con diversas entidades del ámbito de la discapacidad física y psíquica, diseñando e implementando herramientas tecnológicas para la inclusión y la empleabilidad, como localizadores, material didáctico especializado, accesibilidad etc. Los estudiantes aplicaron los conocimientos adquiridos a lo largo de la carrera y a su vez recibieron nuevas habilidades y competencias (familiarización con las entidades sociales y los colectivos con discapacidad; adaptación de aplicaciones tecnológicas, ética profesional y responsabilidad social).  

Aprendizaje y servicio quedan así vinculados por una relación circular en la que ambas partes salen beneficiadas: el aprendizaje adquiere sentido cívico y el servicio se convierte en un taller de valores y saberes (Sánchez y Rovi, 2015). Este es el verdadero punto de innovación, presentarse como una metodología de aprendizaje en las antípodas de una educación que busca simplemente el éxito individual, y que entiende la formación exclusivamente como preparación para competir en el mercado laboral. En este sentido, como apunta Roser Batlle (2011), el ApS es un método para unir éxito escolar y compromiso social:  

“Aprender a ser competentes siendo útiles a los demás” 

 

Fomentando el hábito de la participación y movilización social  

En el informe “Jóvenes Españoles entre dos siglos 1984-2017” publicado por el Observatorio de la Juventud de la Fundación SM, se advierte que las organizaciones de voluntariado son las únicas instituciones (de las 16 propuestas) que consiguen llegar a generar “mucha confianza” en 1 de cada 5 jóvenes encuestados. Más importante si cabe, es el dato recogido por el mismo informe con relación a la diferencia existente entre el porcentaje de jóvenes que les gustaría hacer voluntariado (50%) y los que realmente llegan a hacerlo (28%).  

¿Cómo podemos explicar esta disonancia? Resulta interesante descubrir que el motivo principal esgrimido por los jóvenes para no participar en actividades de voluntariado es porque “no me lo han planteado seriamente” (44%), seguido de “porque no tienen tiempo” (22%), “no poseen suficiente información sobre asociaciones” (7%) y solamente un 7% porque “prefieren hacer otras cosas con sus amigos” (INJUVE, 2014).  

Los datos anteriores, parecen reforzar la explicación ya sostenida por González-Anleo en el informe “Jóvenes Españoles 2010” con respecto al creciente desencanto participativo juvenil. Por un lado, estaría la impotencia del sistema educativo para convertirse en un transmisor de valores que fomenten la relevancia de la implicación social. Y, por otro lado, la crisis de la educación en la familia, como uno de los agentes claves para la socialización en la vida en común (González-Anleo, 2010).  

De lo expuesto hasta el momento se deduce que el aprendizaje servicio es una herramienta adecuada para canalizar e incentivar el deseo de participación de los jóvenes, así como, su interés por que los aprendizajes recibidos sea transformadores en términos sociales.  Pero, además, y esto es un punto diferencial con respecto al voluntariado “clásico”, el aprendizaje servicio trae implícito un cambio de mirada con respecto a los colectivos con los que se trabaja, una mirada que busca establecer una relación de dialogo simétrico con el “otro” y no una relación de asistencia (Veghazi, 2015, p.182):  

Intervenimos a partir de nuestro saber, y nos acercamos con una tarea específica, no nos acercamos al carente “para hacerlo feliz”. El voluntario es alguien que va y se acerca a una realidad que no le es propia. Y eso es lo que me hace ruido… en realidad esta es nuestra realidad, los chicos en situación de encierro forman parte de mi realidad, de la política en la cual yo también intervengo… la gente que vive en situaciones de extrema pobreza es gente que vive en  misma sociedad 

 

El desarrollo del aprendizaje servicio en Iberoamérica  

En la cronología elaborada por Tapia y Ochoa (2015) sobre la historia y los desarrollos de las políticas de aprendizaje-servicio en América Latina, se constata que la región ha sido pionera en la implantación de esta metodología, hallándose fuentes legislativas y normativas educativas que desde 1907 han promovido y regulado el servicio social o comunitario de los estudiantes. 

Como apuntan los autores, existe una amplia diversidad en las modalidades que se proponen: en algunos países se establecen requisitos obligatorios, con un número de horas a cumplir y en algunos casos con objetivos prefijados, y en otros se opta explícitamente por el voluntariado; en algunos países la acción solidaria se vincula claramente con el aprendizaje, y en otros se deja librado a la iniciativa de la institución o de los participantes (Tapia y Ochoa, 2015). Ecuador, Venezuela y Argentina serían los países que ha dado los mayores pasos hacia la institucionalización del ApS: Ecuador a través de la introducción de prácticas de aprendizaje-servicio en el currículo de la Educación Básica (Programa Nacional Escuelas Solidarias); Venezuela introduciendo la obligatoriedad de la realización de proyectos de aprendizaje-servicio de 120 horas para obtener el título de graduado en educación superior; y Argentina incorporando el ApS en la “Ley de Educación Nacional” y para todos los niveles educativos.  

En España se empieza a hablar de aprendizaje-servicio en fechas relativamente recientes (2003-2004), aunque como apunta Roser Batlle, las prácticas solidarias de los centros educativos y las entidades sociales tienen una larga tradición en nuestro país. Cataluña parece estar dando los primeros pasos en la implantación de esta metodología, incorporando a partir de 2015 y de manera progresiva, el aprendizaje servicio vinculado al currículo y dentro del horario lectivo para los alumnos de la ESO (enseñanza secundaria obligatoria), otras comunidades autónomas como Navarra y Aragón estarían trabajando igualmente en esta dirección. Por otra parte, la entrada de España en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), parece haber impulsado la expansión del ApS como un enfoque de innovación educativa que ya está presente en las 40 universidades que forma parte de la Red Universitaria de Aprendizaje-Servicio. 

Son precisamente este tipo de redes las que están actuando de verdaderos catalizadores para promoción y difusión del ApS en Iberoamérica. La Red Española de Aprendizaje-Servicio (REDAPS) se constituye oficialmente en 2010 y su trabajo fundamental, según Mangas y Martínez-Odría (2012), “ha sido el de colocar el ApS en el corazón de las organizaciones ya existentes en cada territorio o CCAA, estimulando que lo identificaran como útil para sus fines, a fin de promoverlo más allá de su propio ámbito de actuación”. En su web (https://aprendizajeservicio.net/) pueden encontrarse, además, una gran cantidad de recursos para orientar a toda persona interesada en la metodología del aprendizaje servicio, ya sean maestros, profesores, familias o personas de organizaciones que trabajan en el ámbito educativo básico. 

La Red Española está a su vez integrada en la Red iberoamericana de aprendizaje-servicio (compuesta por 74 organismos gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, Universidades y organismos regionales de América Latina y el Caribe, Estados Unidos y España). Además de la promoción de esta propuesta pedagógica, la Red centra su trabajo en el ofrecimiento de apoyo técnico y financiero a las instituciones educativas y organizaciones sociales que desean desarrollar programas de ApS, también realiza labores de asesoría y capacitación (online y presencial) para directivos y educadores de todos los niveles educativos, así como para organizaciones juveniles y comunitarias. Desde la Red también se están impulsando programas de investigación dirigidos a la publicación de libros y materiales que mejoren las experiencias de ApS en toda la región.  

Como hemos podido observar, el aprendizaje servicio ni es una metodología de reciente creación, ni una moda pasajera como tantas otras que van surgiendo en el mundo educativo. Esto no entra en contradicción con el hecho de que se trate de una propuesta innovadora que puede dar respuesta a algunas de las necesidades de aprendizaje de los jóvenes en el presente y en el futuro.  

 

Autora:   Ariana Pérez

 

Bibliografía  

 

Batlle, R. (2011). ¿De qué hablamos cuando hablamos de aprendizaje-servicio? Crítica972, 49-54. 

CLAYSS, C. L. D. A., & Solidario, S. (2015). Legislación y normativa latinoamericana sobre servicio comunitario estudiantil y aprendizaje-servicio. Actas de la III Jornada de investigadores sobre aprendizaje-servicio, 91. 

Francisco Amat, A., & Moliner Miravet, L. (2010). El Aprendizaje Servicio en la Universidad: una estrategia en la formación de ciudadanía crítica. Revista electrónica interuniversitaria de formación del profesorado13(4). 

González-Anleo, J. (2010). Los valores de los jóvenes y su integración socio-política. In Jóvenes españoles 2010 (pp. 9-114). 

INJUVE. (2014). Sondeo de opinión 2014.1 Jóvenes, Satisfacción Personal, Participación Asociativa y Voluntariado 

Mangas, S. L., & Martínez-Odría, A. (2012). La implantación y difusión del Aprendizaje-Servicio en el contexto educativo español. Retos de futuro de una metodología de enseñanza-aprendizaje para promover la innovación en la Educación Superior. Revista del Congrés Internacional de Docència Universitària i Innovació (CIDUI), 1(1). 

Sánchez, M. P., & Rovi, J. M. P. (2015). La reflexión en el Aprendizaje-Servicio. Revista internacional de educación para la justicia social2(2). 

Veghazi, V. N. K. (2015). Hay algunos que sienten que esto les parte la cabeza. Notas sobre experiencias de aprendizaje-servicio en la universidad de Buenos Aires. Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, 2(2).